(1372 visitas) 13-09-2022 Blog
Continuamos con la segunda parte del artículo donde vemos cuáles son los motivos que, con más frecuencia, suelen desembocar en la declaración de “No apto” en el examen de circulación.
Aclaremos antes de comenzar que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, el aspirante se conforma con aprobar a costa de lo que sea. Es decir que, haciendo un símil con las calificaciones clásicas, le da igual aprobar con un 10 de puntuación o con un 5 “raspado”. Esto hace que en muchos casos se enfrente al examen basándose en la ley del mínimo esfuerzo.
Eso se refleja en situaciones incómodas donde el aspirante podría, y debería, utilizar muchos de los recursos que ha debido aprender durante el proceso de enseñanza, pero en las que definitivamente, por estar acogido a esa ley de mínimo esfuerzo, decide no utilizar.
Optar por el camino del mínimo esfuerzo puede venir motivado por muchas causas, pero fundamentalmente es provocado por un reconocimiento interno, por parte del aspirante, de que su nivel no es suficiente para afrontar la tarea que se le está demandando en ese momento o bien por restar importancia a los consejos que se le han ido dando durante todo el proceso de enseñanza que ha seguido en la autoescuela.
Conducir amparándose en la citada ley del mínimo esfuerzo supone que el aspirante reduce al máximo sus movimientos, su concentración y su toma de decisiones. Cierto es que este hecho se puede producir por tener su atención fijada en otro estímulo, habitualmente centrada en preocuparse por como aumenta su nivel de nerviosismo. Claro ejemplo de esa reducción de la actividad atencional (o la orientación hacia otro factor distinto de la tarea que tiene delante) es el inmovilismo físico que muestra durante la prueba.
Lejos de mantener una actitud activa y alerta, con movimientos continuos de cabeza a un lado y otro, utilizando diferentes mandos según se van necesitando, anticipándose a lo que se va a ir encontrando en su avance, adelantando decisiones, etc., etc., se limita a mantenerse totalmente rígido e inmóvil, con la espalda pegada al sillón y la cabeza al reposacabezas. Reduce a la mínima expresión sus movimientos de cabeza e incluso de ojos, como intentando pasar desapercibidos a la vista del funcionario examinador y de su profesor. No es consciente que es el auténtico protagonista de la escena.
En la parte izquierda de la foto vemos donde mira y cómo mira el aspirante. Si la comparamos con la imagen que se ve en la parte derecha, nos damos cuenta que está dejando fuera de su campo de visión una cantidad muy importante de información vital para tomar decisiones.
Como veíamos en el artículo anterior, la declaración de “No Apto”, va a venir provocada por la comisión de una falta eliminatoria (aquella que, por su sola gravedad, ya supone la declaración no deseada directamente) o bien por la acumulación de varias faltas menos graves pero que terminamos cometiéndolas en más ocasiones de las permitidas.
Como hemos dicho, al cometer una falta de este tipo, el aspirante es declarado “No apto” en ese mismo instante. Las más habituales suelen ser:
Realizar la detención de manera incorrecta, especialmente realizarla antes del lugar donde se tiene una buena visibilidad sin repetirla posteriormente en ese lugar donde sí se tiene buena visión, supone una falta eliminatoria.
¿Por qué la hago?
Porque el aspirante, basándose en esa ley del mínimo esfuerzo, se justifica a sí mismo que tiene una buena visión basándose en lo que ve de frente, pero no tiene en cuenta lo que ve (o mejor dicho, lo que en este caso no ve) por los laterales. El aspirante sospecha que podría ver algo mejor pero como nadie (ni examinador ni profesor) le recomiendan que vuelva a detener, ni hacen ningún comentario al respecto… Opta por la decisión más cómoda (ley del mínimo esfuerzo), no la más correcta.
El aspirante intenta entrar en una calle donde no puede hacerlo, bien porque hay una señal de dirección o circulación prohibida o bien porque hay anteriormente una señal de dirección obligatoria que supone tener que dirigirse a donde indica la flecha. Supone una falta eliminatoria en la que además debe actuar el profesor, deteniendo el vehículo, para impedir que el entre en la zona prohibida.
¿Por qué lo hago?
Claramente porque no ha visto la señal (Observar Foto). Dejado llevar por esa carencia de observación y actividad visual, mira solo el asfalto que tiene justo delante del vehículo en un espacio de 30 metros de largo por cuatro metros de ancho. Eso provoca que ignore la señal y su información y de ahí… se genera el desastre.
Las normas de prioridad de vehículos y peatones son conocidas por el aspirante antes de montarse en el vehículo por primera vez, ha tenido que estudiarlas en la fase teórica. Además de ello, durante todo su proceso de aprendizaje práctico, ha ido acompañado por su profesor, el cual le ha ido recordando esas normas y cómo aplicarlas a diario durante sus prácticas. Sin embargo, el aspirante en el momento de su examen decide no cederle el paso al que tiene prioridad. Una falta eliminatoria de nuevo que supone el suspenso.
¿Por qué lo hago?
Aunque es cierto que puede suceder que el aspirante se encuentre con una situación nueva para él, ante la que no es capaz de analizar rápido a quien corresponde la cesión de paso, no es lo habitual. En la inmensa mayoría de las situaciones en las que no se cede el paso a quien la prioridad le asiste, es simplemente porque el aspirante no es consciente de que ese usuario (peatón o vehículo) está ahí. No lo ve, porque no mira alrededor de la vía o mira tarde y sin darse a sí mismo tiempo para el análisis y la anticipación.
Inadecuado fundamentalmente por dos motivos, o bien porque está prohibido por señal o por norma o bien por ser demasiado reducido el espacio disponible que ha seleccionado.
¿Por qué lo hago?
Casi con toda probabilidad, por un clarísimo error de observación. Una observación tardía hará que el aspirante solo vea un espacio libre, pero no valorará correctamente si el espacio es suficiente o no para estacionar, no verá las características que tiene el bordillo donde va a estacionar y no verá si el lugar está libre precisamente por estar prohibido realizar en él la maniobra (Vado permanente o línea amarilla que prohíbe estacionar).
Aquí es donde se puede ver reflejada en su más pura expresión el hacer el examen dejándose arrastrar por el mínimo esfuerzo. El aspirante comete repetidamente errores que no suponen una gravedad elevada por sí misma, pero que en un conjunto si muestran una falta de dominio sobre el vehículo o la situación.
¿Por qué lo hago?
Fundamentalmente por uno de dos motivos. Formación o preparación insuficiente por un lado o minimizar (restando importancia erróneamente) a los errores que está cometiendo.
Es cierto que cuando un alumno se ha dejado aconsejar por el profesor que le ha acompañado en el proceso, acude a examen con un nivel de conducción aceptable. Pero si ha sido el alumno el que ha tomado la decisión, de forma individual e independiente, de acudir a examen, es muy probable que aún no tenga la suficiente soltura, destreza y desparpajo para ejecutar todas las acciones básicas que se requieren para conducir de forma aceptable.
No hablamos de tomar decisiones, sino de ejecutar el manejo de los mandos con falta de destreza. De ahí aparecen los errores más claros que, como hemos dicho, aunque por sí mismos pueden ser considerados leves, en conjunto no lo son tanto.
De esa manera, el aspirante falla con cierta frecuencia en:
No accionar los intermitentes todas las veces que debería o lo hace de forma aleatoria o tardía.
Aunque el calado del motor no tiene por que suponer una falta de nivel, el calarlo en repetidas ocasiones o calarlo en determinado momento (por ejemplo, al disminuir velocidad considerablemente sin reducir de marcha) denotan claramente una falta de habilidad en el manejo de los pedales y de su combinación y coordinación.
No acciona los pedales con la suficiente precisión y sensibilidad como para obtener el objetivo que se propone y la conducción es muy incómoda por ir dando constantes tirones y frenazos cada vez que cambia de marcha o para el vehículo.
Circula, innecesariamente e injustificadamente cerca de algún obstáculo cuando no hay necesidad de ello. Lo hace demostrando claramente que no es consciente de la distancia que está dejando.
Ciertamente los vehículos actuales disponen de multitud de mandos para otras tantas funciones. Muchos son accionados a diario y constantemente (Mando de los intermitentes, por ejemplo) y eso hace que al aspirante le sea familiar su uso. Pero el desconocer el uso de algún mando que pueda ser menos habitual en su uso (dispositivo anti empañamiento, limpiaparabrisas, sistema de climatización, luces antiniebla), deja entrever que no hay un buen control sobre el funcionamiento del vehículo.
En definitiva, superar la prueba de conducción para obtener la autorización no es un reto inalcanzable ni mucho menos. Pero es cierto que requiere de un proceso de aprendizaje que tiene una dificultad y una duración. Duración que es diferente entre una persona y otra y que debe adaptarse a las necesidades de cada uno. Precipitarse a la hora de establecer una fecha y no reconocer una realidad (“aún no tengo el suficiente nivel para hacer la prueba”) solo genera malestar, frustración en el aspirante y costes económicos elevados. Lo recomendable en todo caso es buscar un buen profesional que nosoriente y dejarse aconsejar por él.
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